La historia de Maestro Tonatiuh
El Maestro Tonatiuh nació en la Gustavo A. Madero, a unas calles del Tepeyac. Su mamá era de esas señoras que cada 12 de diciembre subían de rodillas a la Basílica y que en casa tenían un altar donde nunca faltaba una veladora blanca. De ella aprendió que la fe se cuida todos los días, no nomás cuando hay problemas.
Durante muchos años trabajó como cualquier chilango: camiones, horarios, quincenas. Hasta que una mala racha le quitó el trabajo y la salud al mismo tiempo. Fue en esos meses, dice, cuando una curandera de Puebla le hizo una limpia que le cambió la vida, y le dijo algo que nunca olvidó: “Tú tienes las manos para hacer esto por otros”.
Se preparó durante años en la magia blanca, el tarot y los rituales de la tradición mexicana. La vasija que siempre carga era de su madre: en ella prepara el agua florida y las hierbas con las que hace sus limpias. Su altar junta a la Virgen, a los abuelos mexicas y al sol, que le da nombre.
Atiende limpias, rituales para abrir caminos en el trabajo y el dinero, endulzamientos para la pareja y lecturas de tarot. Trabaja solo con luz: “Yo no hago daño a nadie. Lo que se hace con rencor, regresa; lo que se hace con amor, florece”.
Mucha de su gente lo busca a distancia, por videollamada o WhatsApp, y él se toma el tiempo de explicar cada paso. Quien llega con él suele decir lo mismo al salir: que se siente más ligero.
