La historia de Brujo Itzcóatl
El Brujo Itzcóatl es de Iztapalapa, de las calles que cada Semana Santa se llenan de gente para la Pasión en el Cerro de la Estrella. Creció entre procesiones, rezos y veladoras, y desde joven supo que lo suyo era lo espiritual.
A los veinte años se fue a Catemaco, Veracruz, con una mochila y poco dinero. Allá, a orillas de la laguna, un viejo brujo de Los Tuxtlas lo aceptó como aprendiz. Trabajó con él varios años: aprendió a preparar, a rezar, a leer la baraja y a respetar a la Santa Muerte como una madre que protege a los suyos.
Desde entonces, cada primer viernes de marzo regresa a Catemaco, vestido de blanco, para renovar su compromiso junto a cientos de brujos y devotos. Su bastón lo acompaña siempre: lo corona una calavera dorada y lo adornan listones de colores. “Cada color es un camino”, explica: rojo para el amor, amarillo para el dinero, verde para la salud, morado para la protección y negro para cortar lo que estorba.
De regreso en Iztapalapa abrió su consultorio cerca del Cerro de la Estrella. Ahí trabaja con la Niña Blanca para abrir caminos en el trabajo, el negocio y la suerte, y hace lecturas de baraja española para que sepas qué viene y cómo prepararte.
Es directo, de barrio y de palabra: “Si no te puedo ayudar, te lo digo. Prefiero perder una consulta que perder la confianza de la gente”.
